Principios

El conocimiento de la antigüedad danesa se deduce en gran medida a partir de las investigaciones arqueológicas. Algunos historiadores creen que los habitantes daneses de la parte meridional de la península escandinava emigraron a la península de Jutlandia y a las islas adyacentes del mar Báltico en los siglos V y VI. La evidencia de grandes estructuras públicas del siglo VIII —como un canal, un gran puente y rampas a través del istmo de Jutlandia, hoy llamado el Danevirke— atestigua la presencia de una autoridad central bastante fuerte en la península en vísperas de la era vikinga. Desde su primer ataque a las islas Británicas, hacia el 780, los daneses fueron los dominadores de la parte de Inglaterra que llegó a conocerse como Danelaw, territorio de jurisdicción danesa. Bajo el rey Harald Dienteazul en el siglo X, la consolidación política se incrementó y Dinamarca fue cristianizada. El hijo de Harald, Sven I Barba de Horquilla, conquistó toda Inglaterra en 1013-1014. El hijo de Sven I, Canuto I el Grande, gobernó Inglaterra (1016-1035), Dinamarca (1018-1035) y Noruega (1028-1035).

Expansión y prosperidad

A finales del siglo XII y comienzos del XIII, los daneses se expandieron al este. Conquistaron gran parte de la costa sur del mar Báltico y establecieron un poderoso y próspero reino. En esta era de expansión, el feudalismo en Dinamarca alcanzó su apogeo. El reino llegó a ser más rico y poderoso que nunca, aunque la mayor parte del campesinado vio sus derechos reducidos. El progreso económico lo marcaron principalmente el desarrollo de la industria de la pesca del arenque y la cría de ganado. Este progreso fue la base para el incremento de los comerciantes y artesanos.

La disensión creciente entre la corona danesa y la nobleza llevó a una contienda en la cual esta última, en 1282, obligó al rey Erik el Bizco a firmar una carta, a veces referida como la Carta Magna Danesa. Por los términos de esta carta, el poder real se subordinaba a la Danehof (asamblea de los señores), creada como parte integral de las instituciones administrativas.

Al declive del poder danés después de la muerte de Cristóbal II en 1332, siguió el reinado de Valdemar IV (1340-1375), que se caracterizó por el restablecimiento de Dinamarca como dominadora del Báltico; sin embargo, la Hansa Teutónica, liga de comerciantes y ciudades alemanas, controló el comercio en la zona.

La Unión de Kalmar y la Reforma

En 1380 Dinamarca y Noruega se unieron bajo Olaf II, nieto de Valdemar IV, y con Noruega se incorporaron Islandia y las islas Feroe. Tras la muerte de Olaf en 1387, su madre, Margarita I, que había actuado hasta entonces como regente, pasó a ejercer como reina. En 1389 obtuvo la corona de Suecia y se esforzó por unir los tres reinos, que culminó con éxito en 1397 con la formación de la Unión de Kalmar. Dinamarca se convirtió en la potencia dominante, pero la aristocracia sueca luchó ininterrumpidamente por la autonomía de Suecia dentro de la Unión. La Unión de Kalmar duró hasta 1523, cuando Suecia obtuvo su independencia en una revuelta contra Cristián II. Los suecos estuvieron dirigidos por Gustavo Vasa, que fue elegido rey de Suecia con el nombre de Gustavo I ese mismo año.

En 1523 Cristián II fue expulsado del trono danés. A continuación siguió un periodo de disturbios cuando Lübeck, la ciudad hanseática más fuerte, interfirió en la política danesa. Con ayuda del rey de Suecia, la intromisión de Lübeck vio su fin y Cristián III consolidó su poder como rey de Dinamarca. Durante su reinado (1534-1559), la Reforma triunfó en Dinamarca y la Iglesia luterana se estableció como la confesión oficial del Estado. A su vez, los reyes daneses empezaron a tratar a Noruega como una provincia más que como un reino separado. La rivalidad comercial y política con Suecia por el dominio del mar Báltico tuvo como resultado el enfrentamiento bélico de ambos Estados en la Guerra Nórdica de los Siete Años (1563-1570) y en la guerra de Kalmar (1611-1613).

La intervención en la segunda década del siglo XVII de Cristián IV en la contienda religiosa en Alemania en nombre de la causa protestante llevó a la participación danesa en la guerra de los Treinta Años. La rivalidad continuada con Suecia por la primacía en el norte condujo a las guerras de 1643-1645 y 1657-1660, en las que Dinamarca sufrió una severa derrota, por lo que perdió varias de sus islas del Báltico y todos sus territorios en la península escandinava, excepto Noruega.

Monarquía absoluta

Las repercusiones económicas de estas derrotas tuvieron grandes consecuencias para Dinamarca. La creciente clase comerciante, preocupada por la pérdida de mercados y del comercio exterior, se unió con la monarquía para reducir el poder y los privilegios de la nobleza. En 1660, al capitalizar la impopularidad de la nobleza después de su pobre actuación militar en las guerras contra Suecia, Federico III instauró la monarquía absoluta y suprimió los privilegios nobiliarios. La monarquía, que hasta entonces había dependido de la aristocracia, se hizo hereditaria. Se suprimieron los privilegios de exención de impuestos de la nobleza y su derecho al monopolio de las funciones administrativas del Estado.

En el siglo XVIII Dinamarca inició la colonización de Groenlandia, la cual había caído bajo dominio danés en 1380; el comercio danés en el Lejano Oriente se extendió, y las compañías de comercio se establecieron en las Indias Occidentales (hoy Antillas), donde Dinamarca adquirió varias islas. En 1788 se abolió el vasallaje y se inició la redistribución de tierras, lo que acabó con las grandes propiedades de la nobleza. En las décadas siguientes, el movimiento de cerramientos agrícolas provocó el incremento de la producción de alimentos; hacia 1813, el 60% de los campesinos daneses se había convertido en propietarios.

Durante las Guerras Napoleónicas, los esfuerzos de Inglaterra para bloquear el continente europeo llevaron a enfrentamientos navales con Dinamarca, que junto con Suecia, Rusia y Prusia había constituido la Liga de la Neutralidad Armada. Copenhague fue dos veces bombardeada por la flota británica, primero en 1801 y de nuevo en 1807, después que la flota danesa fuera destruida. Como consecuencia, Dinamarca quedó aislada de Noruega, por lo que la monarquía danesa, contra su voluntad, se alió con la Francia de Napoleón I Bonaparte. Por el Tratado de Kiel (1814), Dinamarca cedió Helgoland a los británicos y Noruega a Suecia; a cambio, Dinamarca recibió los ducados de Schleswig y Holstein. Económicamente, las Guerras Napoleónicas fueron desastrosas para Dinamarca, ya que causaron la pérdida de importantes mercados exteriores, la inflación en el interior y, al final, la bancarrota nacional. La estabilidad económica no se restableció hasta después de que se fundara el Banco Central en 1818. Incluso entonces, el bajo precio internacional de los cereales mantuvo al sector agrícola hasta 1828 en crisis.

Monarquía constitucional

Los problemas económicos de Dinamarca aumentaron las crecientes peticiones de un gobierno constitucional, proceso que culminó con la proclamación de la Constitución de 1849. Dinamarca se convirtió en una monarquía constitucional, las libertades civiles fueron garantizadas y se estableció un sistema legislativo bicameral, que compartía el poder con la corona. El nacionalismo alemán en los ducados de Schleswig y Holstein, ambos hereditarios y presididos por los reyes de Dinamarca, presentó a los daneses graves problemas durante las revoluciones de 1848. Los dos ducados habían sido desde hacía tiempo objeto de disputa entre la monarquía danesa y los estados alemanes de la Confederación Germánica (especialmente Austria y Prusia). Con ayuda diplomática de Rusia, Dinamarca había conseguido mantener su soberanía sobre los ducados durante la primera mitad de siglo, pero en 1864 Prusia y Austria iniciaron la guerra de los Ducados contra los daneses. Dinamarca fue derrotada y perdió la posesión de los dos ducados y otros territorios.

En 1866 la Constitución danesa sufrió una enmienda que fortaleció la cámara alta (Landsting) a expensas del Folketing (o cámara baja). La política tomó un carácter más conservador, pero durante las últimas décadas del siglo XIX, el comercio, la industria y las finanzas prosperaron, la agricultura de productos de consumo diarios y el movimiento cooperativista se expandieron mucho, y la clase trabajadora creció numéricamente. Después de 1880 el recién organizado Partido Socialdemócrata desempeñó un importante papel en el movimiento obrero danés y en la lucha por una constitución democrática. En 1901, el principio del gobierno parlamentario se reconoció finalmente.

Dinamarca moderna
Dinamarca fue neutral durante la I Guerra Mundial. En 1917 vendió las Antillas danesas (parte de las islas Vírgenes) a Estados Unidos. Las reformas constitucionales de 1915 supusieron el establecimiento de muchas de las características básicas del sistema de gobierno actual; el sufragio universal entró en vigor en 1918. En el mismo año Dinamarca reconoció la independencia de Islandia, pero siguió controlando la política exterior del nuevo Estado, cuyo jefe de Estado era el rey danés. En 1920 el territorio de Schleswig septentrional se incorporó a Dinamarca como consecuencia de un plebiscito realizado de acuerdo con los términos del Tratado de Versalles; la parte sur de Schleswig votó a favor de la permanencia dentro de la República de Weimar.

En mayo de 1939 el gobierno danés firmó un pacto de no agresión, valedero por 10 años, con la Alemania nacionalsocialista. En abril de 1940, sin embargo, Alemania ocupó Dinamarca; el gobierno danés, no obstante, pudo mantener la mayor parte del control sobre su política interior hasta 1943. La policía danesa ayudó a los 6.000 judíos daneses a escapar a la neutral Suecia en la víspera de su arresto y deportación. Gran Bretaña ocupó las islas Feroe y en 1941 Estados Unidos estableció un protectorado temporal en Groenlandia, al construir varias estaciones meteorológicas y bases aéreas en ese país. En 1944 Islandia, después de un referéndum nacional, rompió todos los lazos con Dinamarca y se proclamó república soberana.

En 1948 Dinamarca concedió un estatuto de autonomía a las islas Feroe. Se unió a la Organización para el Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en 1949 y a continuación se convirtió en miembro de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) en 1960 y de la Comunidad Económica Europea (hoy Unión Europea) en 1972.

En 1953 se adoptó una nueva Constitución que suprimió el Landsting e instituyó al Folketing como Parlamento unicameral, permitió el acceso de las mujeres al trono y convirtió a Groenlandia en provincia danesa. Groenlandia consiguió en 1979 su autonomía.

Cuatro décadas de dominio de la política danesa por parte del Partido Socialdemócrata finalizaron con las elecciones de 1968. Hilmar Baunsgaard, dirigente del Partido Liberal Radical, formó una coalición de gobierno que duró hasta 1971, cuando Jens Otto Krag, un antiguo primer ministro socialdemócrata, retornó al cargo. El rey Federico IX murió en 1972 y fue sucedido por su hija, Margarita II. Después de ese año Krag gobernó y fue reemplazado como primer ministro y líder del partido por Anker Joergensen. Los socialdemócratas perdieron las elecciones celebradas a finales de 1973 y Poul Hartling, un liberal, formó un gabinete minoritario. Las elecciones celebradas a comienzos de 1975, sin embargo, permitieron a Joergensen retornar al poder, también dirigiendo un gobierno minoritario. Mantuvo su liderato hasta septiembre de 1982, cuando Poul Schlüter, un conservador, se convirtió en jefe de la coalición de centro-derecha. Las elecciones celebradas en enero de 1984 incrementaron el número de integrantes de la coalición (conservadores, liberales, centristas, democratacristianos), que conservó el poder en las elecciones de septiembre de 1987, de mayo de 1988 y de diciembre de 1990. En 1985 el Folketing votó contra cualquier inclusión de centrales nucleares en los planes de energía nacional y confió al gobierno la misión de trabajar activamente para establecer una zona nórdica libre de energía nuclear, lo que vino acompañado de discrepancias en las relaciones danesas con la OTAN, sólo restablecidas hacia 1988, después de unas elecciones generales muy disputadas por la política de defensa a seguir y la condición de miembro de la OTAN que debería seguir el país. La destrucción de colonias de langostas en el estrecho entre Dinamarca y Suecia en 1986 y otros desastres ecológicos acaecidos en 1988 dieron como resultado la promulgación de estrictas medidas de protección medioambiental por parte del Folketing.

Como resultado del escándalo relativo a los visados de inmigración, el primer ministro Schlüter dimitió en enero de 1993. Se formó una nueva coalición gubernamental con el socialdemócrata Poul Nyrup Rasmussen como jefe de gobierno. La coalición sobrevivió en las elecciones de septiembre de 1994, aunque con una reducida mayoría que reflejaba el descontento popular causado por el desempleo y por el incierto futuro del Estado de bienestar. En 1992 los votantes daneses, por un estrecho margen, rechazaron el Tratado de la Unión Europea (Tratado de Maastricht) que prevé la progresiva integración política y monetaria dentro de la Unión Europea. Después de una serie de modificaciones exigidas por Dinamarca acerca de las disposiciones de la unión monetaria, la ciudadanía europea y la defensa (Dinamarca no sería sometida a una comisión al ser un miembro pleno de la Unión Europea Occidental), los daneses votaron en mayo de 1993 su aprobación. A lo largo de 1995 y 1996, Dinamarca experimentó una cierta recuperación económica.

En noviembre de 1997 se celebraron comicios para elegir a los representantes comunales y de condado; los partidos democráticos (Socialdemócrata, Liberal, Conservador) retrocedieron levemente, en tanto que el xenófobo Partido del Pueblo Danés obtuvo cerca del 7% de los resultados.

Meses más tarde, en marzo de 1998, tuvieron lugar las elecciones legislativas en las que, contra todo pronóstico, los socialdemócratas del primer ministro Rasmussen obtuvieron 88 escaños frente a los 87 del denominado “bloque burgués”.

En este último, el Partido Conservador sufrió una severa derrota, en tanto que el ultraderechista Partido del Pueblo Danés, que se presentaba por vez primera, obtuvo 13 escaños; el también ultraderechista Partido del Progreso, apenas consiguió representación; por último, el Partido Liberal sufrió un incremento menor del esperado.

En total, la alianza de socialdemócratas y radicales, junto con los socialistas populares y la Lista Unida (integrada por comunistas y verdes), consiguió 90 diputados, incluidos uno de Groenlandia y otro de las Feroe. El “bloque burgués” logró 89 escaños en el Parlamento.